MITOS ECONÓMICOS.

EL BANCO MUNDIAL CONTRA LAS TABACALERAS.
 

 

Unidad De Salud Medioambiental Pediátrica PEHSU-Valencia.  

Rev Esp Pediatr 2004;60:127-140.

 

 

La Banca Mundial. Los gobiernos y los aspectos económicos del control del tabaco.

El Banco Mundial

Tabaco y pobreza: un círculo vicioso.

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MITOS ECONÓMICOS. EL BANCO MUNDIAL CONTRA LAS TABACALERAS (3, 63-68)(Rev Esp Pediatr 2004;60:127-140.)

La industria tabaquera intenta exagerar la importancia económica del tabaco. Para la inmensa mayoría de países productores de tabaco apenas representa una pequeña parte del total de ingresos de sus exportaciones. Solo en 4 países: Kirguistan, Macedonia, Malawi y Zimbabwe representa más del 5%.

Son muchos los países preocupados de que sus economías se resientan al tomar medidas concertadas para reducir el consumo de tabaco. Muchos políticos siguen creyendo que tomar acciones efectivas se traducirá en pérdida de empleo en los sectores agrícola y manufacturero. No obstante, el propio Banco Mundial en su informe Curbing the Epidemic, establece que muchas de estas preocupaciones son infundadas o son exageradas. Entre los mitos que este informe disipa se encuentran los siguientes (63-68):

Mito: quienes se tienen que enfrentar a la reducción del consumo del tabaco son los países ricos

Aproximadamente  el 80% de los fumadores de todo el mundo viven en países en desarrollo, donde la carga de defunciones y enfermedades relacionadas con el tabaquismo está creciendo  rápidamente. Para el año 2020, el 70% de la mortalidad del tabaquismo ocurrirá en países en desarrollo. Esto significa que en las próximas décadas los países en desarrollo tendrán un incremento en costos a causa del tabaquismo, por gastos de atención médica, pérdida de productividad y de sufrimiento humano.

Mito: aumentará el desempleo en la agricultura  e industria manufacturera

Las previsiones más optimistas indican que se incrementará el consumo de productos del tabaco en los próximos tres decenios. La OMS estima que de seguir la tendencia actual, el número de fumadores pasará de 1.100 a 1.600 millones en el año 2025 (debido en parte al incremento de la población mundial), a pesar de que ese hábito se reduzca en algunos países. Aunque una disminución del consumo reducirá los empleos agrícolas en las zonas tabacaleras, dicha pérdida será paulatina a lo largo de varias décadas, por lo que no será inmediata. Por ello, los gobiernos tendrán amplia oportunidad de planificar una transición gradual y ordenada.

Hay, sin embargo, un pequeño grupo de países africanos, cuya economía depende fundamentalmente de la producción de tabaco. Para dichos países, la reducción en la demanda interna tendrá un impacto menor, pero la caída de la demanda mundial de tabaco a largo plazo conducirá a pérdida de empleos. En estos casos, serán primordiales las políticas que contribuyan al ajuste. No obstante, hay que hacer hincapié en que incluso si la demanda mundial cayese significativamente, ello ocurriría gradualmente, esto es, a lo largo de una o varias generaciones.

Economistas independientes que han estudiado las aseveraciones de la industria tabacalera concluyen que éstas exageran la posible pérdida de empleos. La producción de tabaco constituye una pequeña fracción de la economía de la mayor parte de los países. Además, el dinero que los consumidores dejen de gastar en productos del tabaco lo dirigirán al consumo de otros bienes y servicios, generando así otras fuentes de empleo (e impuestos). La investigación que realizó el Banco Mundial demuestra que la mayoría de los países no sufrirá pérdidas netas de empleo en caso de que decreciera el consumo de productos del tabaco. Algunos países incluso experimentarán ganancias netas, particularmente aquellos que importan la mayor parte de productos del tabaco y en cuya industria tabacalera predominan las empresas extranjeras.

Mito: una carga impositiva alta para los productos del tabaco reducirá ingresos públicos

El incremento del precio en los cigarrillos es un método particularmente efectivo para reducir su demanda pues un costo elevado induce a los fumadores a abandonar el hábito y anima a otros a no iniciarlo (en particular la gente joven y la de escasos recursos). Incrementar en un 10% el precio de una cajetilla de cigarrillos reduce la demanda aproximadamente  un 4% en los países ricos y  un 8% en los países con  menos recursos, salvando millones de vidas. Aún así, de acuerdo con las estimaciones del Banco Mundial, las ganancias se incrementarán aproximadamente un 7%; lo cual se deberá a que la reducción en el consumo de cigarrillos será menor en comparación con el incremento del precio. Además, parte del dinero que ahorren los ex fumadores lo gastarán en otros bienes y servicios con impuestos incluidos. El incremento en el precio de los cigarrillos reduce el consumo de forma destacada entre los más jóvenes.

Mito: gravar los cigarrillos con una tasa impositiva alta incrementará el contrabando

Generalmente la industria tabacalera argumenta que de incrementarse la tasa impositiva también se incrementará el contrabando proveniente de los países con tasa impositiva baja, con lo que se mantendrá un alto consumo de cigarrillos y una reducción de ingresos públicos debido a los impuestos que se dejen de cobrar. Si bien es cierto que el contrabando es un problema serio, el informe del Banco Mundial concluye que dado que el incremento en la carga impositiva reduce el consumo de cigarrillos al tiempo que incrementa los ingresos públicos, la respuesta adecuada es romper con la actividad criminal en lugar de olvidar el incremento del impuesto. Además, teniendo en cuenta la participación de la industria tabacalera en el contrabando, sus argumentos en este sentido hay que tomarlos con reservas.

Mito: gravar los cigarrillos con una tasa impositiva alta acarreará desventajas para los pobres

Las empresas tabacaleras argumentan que no debería incrementarse el precio  para no perjudicar a los pobres. Sin embargo, los estudios muestran que las poblaciones con bajos ingresos realmente ya están más perjudicadas por el tabaquismo, que impone costos inmensos en términos de morbilidad, mortalidad, gastos de atención médica y pérdida de salario. Asimismo, estas personas son las primeras beneficiadas con el incremento del precio, pues es más probable que fumen menos o incluso que lo abandonen totalmente.

El beneficio para los pobres puede ser incluso mayor si el ingreso adicional proveniente del pago de impuestos se utiliza para financiar programas a favor de los más desprotegidos. En China, por ejemplo, estimaciones conservadoras sugieren que un 10% de incremento en el impuesto a cigarrillos podría reducir el consumo en un 5%, incrementar el ingreso un 5%, y obtener recursos suficientes para financiar servicios básicos de salud para un tercio de los 100 millones de ciudadanos pobres en dicho país.

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