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En los inicios del nuevo milenio nuestro niños
habitan en un mundo completamente diferente al que los adultos hubiésemos
deseado. Más de 2/3 partes de la población infantil tienen su salud
y, desgraciadamente sus vidas, amenazadas por riesgos medioambientales
en sus casas y en los lugares donde crecen, aprenden, juegan e incluso
donde tristemente trabajan. La calidad ambiental constituye un factor
clave para la supervivencia de los niños en los primeros años de
vida, y es un determinante fundamental para un adecuado desarrollo
posterior físico y mental. El progreso industrial, durante la segunda mitad del siglo XX, con los cambios económicos inherentes, ha permitido mejorar las condiciones higiénicas y de salud en los países occidentales. Pero la progresiva y excesiva industrialización está generando una contaminación medioambiental de los ecosistemas aéreos, terrestres y acuáticos. Actualmente, más de 100.000 compuestos químicos, de los cuales varias decenas de miles sobrepasan el millón de toneladas / año, compiten entre ellos para contaminar local y globalmente todos los ecosistemas naturales. Estas sustancias contaminan la tierra y los alimentos, el agua y el aire que a diario nuestros niños ingieren, beben y respiran. Las mayores amenazas para la salud de los niños se encuentran precisamente en los lugares donde deberían estar a salvo: el hogar, la escuela y la comunidad. Más de 5 millones de niños entre 0 y 14 años, la mayoría en los países en desarrollo, mueren cada año por causas de enfermedades relacionadas con el entorno donde viven, estudian y juegan. Las enfermedades carenciales e infectocontagiosas han sido sustituidas y reemplazadas en nuestros países desarrollados, por patologías crónicas como las enfermedades respiratorias, especialmente alérgicas, las neoplásicas, las neurocognitivas y |
neuroconductuales, la obesidad, disfunciones
endocrinológicas, cardiovasculares, etc. Estas enfermedades emergentes
entre nuestros niños, a medida que progresan los limitados
conocimientos sobre ellas, se están asociando al menos parcialmente,
con mayor evidencia, a la contaminación medioambiental. Las personas
constituyen el recurso más importante de todos los países. Los niños
con discapacidades y/o enfermedades crónicas no serán adultos
saludables y productivos. Todo este sufrimiento de los niños no es
inevitable. Todas estas enfermedades y muertes se pueden prevenir. Los niños constituyen nuestros sueños y
esperanzas para el futuro. Son los herederos de nuestro legado, incluida
la manera en que tratamos el medioambiente. Esto queda recogido en la
sabiduría popular de las culturas indígenas: “ La tierra no es una
herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”. Por
eso es necesario impulsar en todos los ambientes, en nuestros hogares,
colegios, comunidades... las medidas necesarias que deben adoptar todos
los colectivos sociales para asegurar a las actuales y futuras
generaciones un medioambiente sano y sostenible. Por otro lado, el interés natural e innato, y a
menudo apasionado, que muestran los niños para la preservación de su
planeta les convierte en una
fuerza dinámica y poderosa para proteger el medioambiente. Con la
formación adecuada, los niños pueden adquirir los conocimientos para
participar en las actividades de protección ambiental, y contribuir con
su energía, ilusión y vitalidad y visión, de una forma única en la búsqueda
de soluciones. En la PEHSU-València intentamos poner al alcance de profesionales sanitarios, de la enseñanza, de padres y niños las herramientas necesarias para crear ambientes saludables y más sanos para nuestros niños. |
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Los autores Josep Ferrís i Tortajada Juan Antonio Ortega García |
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PEHSU MURCIA - VALÈNCIA.