FACTORES AMBIENTALES ASOCIADOS A CÁNCERES PEDIÁTRICOS 

ENVIRONMENTAL FACTORS ASSOCIATED WITH PEDIATRIC  CANCERS

   Josep Ferrís i Tortajada *, Júlia Garcia i Castell **, Juan A López Andreu ***, Octavio Berbel Tornero ****.

Rev Esp Pediatr 1999;55:166-177.


 

 

 

INTRODUCCION:

Las neoplasias se originan por la combinación variable de dos tipos de determinantes, el genético o endógeno y el ambiental o exógeno (1,2). Globalmente los factores ambientales son los responsables del 98-99% de todos los cánceres y del 90-96% durante la época pediátrica (3,4). Los agentes cancerígenos medioambientales se clasifican en químicos, físicos y biológicos (4). Dependiendo de su concentración, periodo y tiempo de actuación producen una gran variedad de efectos patológicos, destacando las acciones tóxicas locales y sistémicas que se manifiestan a corto y medio plazo, y las acciones genotóxicas que se evidencian a largo plazo (1,4,5). La oncogénesis ( transformación de una célula normal en neoplásica ) es uno de los principales efectos genotóxicos (5). Es el resultado de: a) mutación de los protooncogenes que pasan a oncogenes activados, produciendo la proliferación celular o inhibiendo su muerte; y b) mutación que inactiva a los genes supresores tumorales  que son los encargados de inhibir la proliferación y promocionar la muerte celular programada ( apoptosis ) (6,7). Los agentes cancerígenos necesitan largos periodos de latencia, desde 2-3 años hasta 3-4  décadas para desarrollar las neoplasias, influyendo al menos dos factores: a) la mayor o menor susceptibilidad genética para el cáncer; b) para que una célula normal se transforme en cancerosa se necesitan como mínimo de 5-6 mutaciones de los protooncogenes y genes supresores tumorales (6,7). Biológicamente las células humanas son “resistentes” ante las agresiones de los agentes oncogénicos, condicionando los largos periodos de latencia y que la mayoría de los cánceres se desarrollen durante el último tercio de la vida (1,4,8).

Los cánceres pediátricos, mayoritariamente, se desarrollan tras breves periodos de latencia ya que  aproximadamente el 40% se presentan durante los primeros cuatro años de edad con casos diagnosticados al nacer e incluso intraútero (4,8). Estos hallazgos sugieren una mayor predisposición genética y la posibilidad de transmisión transgeneracional confirmada en los denominados cánceres familiares o hereditarios. La mayoría de autores asignan el 4-10 % de los tumores infantiles a los factores genéticos y como máximo el 15% (1,3,9). Los restantes casos son originados principalmente por los agentes cancerígenos ambientales y el corto periodo de latencia se explica por sus acciones preconcepcionales, transplacentarias y postnatales sobre tejidos celulares morfológica y funcionalmente inmaduros (6,10). En el presente trabajo pretendemos comentar y divulgar entre los pediatras los principales agentes cancerígenos asociados a las neoplasias pediátricas con la intención de mejorar la educación sanitaria de los padres y lograr una prevención más efectiva. Está basado en la búsqueda bibliográfica de los últimos 25 años obtenida del Medline y Cancerlit. Se han selecionado los artículos más interesantes y de sus referencias se han recuperado los más relevantes publicados previamente. Los factores ambientales más importantes que comentaremos seguidamente están expuestos en la tabla I.

 

RADIACIÓN IONIZANTE (RI).

La RI constituye el agente cancerígeno humano más extensamente estudiado, originando el 3% de todas las neoplasias (11-13). La RI es capaz de modificar la órbita de los electrones en los átomos y cambiar la estructura molecular de las células (12). Su acción sobre el ADN causa las mutaciones en los protooncogenes y genes supresores tumorales, iniciando la transformación maligna (11). Los factores más importantes que determinan la extensión y grado del daño biológico son: tipo de radiación, dosis total, fraccionamiento y distribución, sensibilidad de los diferentes tejidos expuestos y capacidad genética de reparar el daño del ADN (11,13). A continuación describiremos los diferentes periodos de exposición y los principales tipos de  tumores asociados.

1. EXPOSICIÓN PRECONCEPCIONAL.

1.1. Médica.

Diversos investigadores han encontrado que la exposición preconcepcional diagnóstica a RI se asocia a un mayor riesgo de leucemia  aguda (LA) entre los descendientes (13,14). No está suficientemente desmostrado que la exposicion pélvica de ambos conyugues aumente el riesgo a desarrollar tumor de Wilms (TW) y Retinoblastoma (RB) entre sus hijos (15).

1.2. Ocupacional.

La exposición ocupacional materna y paterna ha sido relacionada a mayor frecuencia de LA y otros tumores sólidos como sarcomas  y neoplasias del sistema nervioso central (SNC) (16,17). La hipótesis que explica esta asociación se basa en las mutaciones ocasionadas en las células germinales. Otros trabajos no han  encontrado un mayor riesgo entre los descendientes (17). Estudios experimentales sugieren que exposiciones prolongadas a bajas dosis, como los trabajadores de instalaciones nucleares, producen menos mutuaciones que las exposiciones agudas a altas dosis como sucede en las explosiones nucleares (12). Estas últimas provocan mayoritariamente un efecto letal inmediato ( abrasivo ) y a corto-medio plazo ( ablación de los tejidos hematopoyéticos y epiteliales ), evitando el desarrollo tumoral. Los resultados definitivos de las explosiones atómicas  de Hiroshima y Nagasaki   evidencian que los humanos no son tan sensibles a los efectos cancerígenos de las RI como lo esperado por extrapolaciones de los datos de animales de experimentación (12,13). Los sistemas de reparación del ADN se afectan menos en las células humanas y pueden bloquear las mutaciones genéticas precancerosas.

2. EXPOSICIÓN TRANSPLACENTARIA.

Los exámenes radiológicos a las mujeres embarazadas incrementa hasta un 50% la probabilidad de LA linfoblástica (LLA) y mieloide (LMA), entre sus descendientes, estando el riesgo directamente relacionado con el número de exploraciones realizadas (18,19). También se han publicado mayores riesgos, pero menos significativos que las LA, de otros cánceres: SNC, TW, RB, neuroblastoma (NB), osteosarcoma(OTS) y linfomas (17-19). Otros autores no han encontrado un mayor riesgo de NB y tumores del SNC, sugiriendo una posible influencia de la condición clínica preexistente que justificaba el estudio radiológico (17).

Estudios comparativos de gemelos, antes de 1985, sometidos a RI para confirmar gemeralidad y determinar la posición fetal, respecto a hermanos únicos, encontraron un mayor riesgo de cánceres, principalmente LA entre los gemelos (20,21). Estos datos se han obtenido después de eliminar otros factores que potencialmente pueden confundir y alterar los resultados como: complicaciones obstétricas, drogas durante el embarazo , infecciones, abortos y mortinatos previos, duración del embarazo, edad materna, profesión y status socioeconómico (21). La sustitución de las RI por otras técnicas obstétricas ha disminuído muchísimo las exposiciones fetales, quedando sólo los casos aislados de radiografias o gammagrafías realizadas en las primeras semanas de concepción antes de conocer la madre su embarazo (13).

 3. EXPOSICIÓN POSTNATAL.

El efecto cancerígeno de la irradiación postnatal está claramente establecido (11,12,17,18). Principalmente existe un mayor riesgo de LA, seguido de cánceres de tiroides, mama y SNC (18). La exposición a RI durante la época pediátrica genera un riesgo mayor de cáncer que la misma exposición en edades posteriores. La experiencia obtenida en los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki indica que la edad de exposición a la radiación determina el riesgo subsiguiente de LA y otros cánceres, siendo mayor en la 1ª década de vida y sobretodo en los primeros años (12). La dosis terapeútica de RI usadas en enfermedades oncológicas y de otra índole también ha confirmado los resultados comentados (11).

 3.1. Radiación diagnóstica.

Los hallazgos de una asociación entre RI diagnóstica y el mayor riesgo de cáncer en niños depende fundamentalmente de la dosis total, siendo mayor tras exposiciones radioscópicas y casi imperceptible en las técnicas radiográficas actuales (17,18,21). No obstante como las dosis son acumulativas se deben de extremar al máximo las indicaciones diagnósticas (17,21). Algunos autores han encontrado un riesgo dos veces mayor del normal de desarrollar tumores del SNC en niños expuestos a cinco o más ortopantomografías y radiografias de craneo durante los últimos cinco años previos al diagnóstico (17).

 3.2. Radiación Terapeútica no tumoral.

El mayor riesgo de cancer trás la radiación terapeútica por enfermedades no tumorales ha sido suficientemente evidenciado (12,18,21). Se ha sugerido que los antecedentes alérgicos o de infecciones de repetición aumentaría la suceptibilidad a los efectos leucemógenos de la RI terapeútica, pero hasta la actualidad la posible sinergia  de estos factores no ha sido evaluada adecuadamente (12). El tratamiento con RI de la hipertrofia tímica incrementa hasta 100 veces el riesgo de cáncer de tiroides respecto  al de la población no irradiada (21). El carcinoma se desarrolla después de los 20 años de edad, con relación directa a la dosis total recibida y con una incidencia de 2 a 1 a favor del sexo femenino. El tratamiento de la tinea capitis con RI incrementa entre 4 y 7 veces el riesgo a desarrollar LA y cánceres de SNC y cuello trás un promedio de 11 años y unos limites entre 3 y 21 respectivamente (21). También se encontró una relación directa con la dosis recibida y mayor incidencia entre mujeres tratadas antes de los 5 años de edad. El patrón de mortalidad fué bimodal con un primer pico debido a las LA entre los 3-5 años y un segundo por los tumores sólidos (meningiomas, astrocitomas, carcinoma de tiroides, sarcomas de partes blandas y OTS) alrededor de los 15-16 años (12,21) .

3.3. Radiación Terapeútica por tumores.

Los cánceres secundarios a la RI terapeútica de las neoplasias primarias infantiles también han sido ampliamente documentados  y evidenciados (11,12,18,21,22). El 4-10 % de los tumores pediátricos son debidos a factores de predisposición genética y entre los supervivientes el riesgo a desarrollar segundas neoplasias es mayor (1,9). Exceptuando a estos cánceres familiares hereditarios, se ha demostrado convincentemente que el tratamiento administrado, incluyendo la RI, actua como factor independiente en el mayor riesgo de cánceres secundarios (11,12). También se ha demostrado que los factores genéticos interaccionan sinérgicamente con la RI para desarrollar las segundas neoplasias (13). Los efectos cancerígenos de la terapia con RI, independientemente de la edad de administración, se extienden durante toda la vida adulta, con mayor riesgo en el sexo femenimo (12,13). Los tumores primitivos con mayor probabilidad a desarrollar las segundas neoplasias son: RB, sarcoma de Ewing, rabdomiosarcoma, TW y linfoma de Hodgkin (12). Los cánceres secundarios más frecuentes son: LA, sarcomas óseos y de partes blandas, SNC y tiroides (12,13,22). También existe una relación directa causal con la dosis total recibida, con un riesgo de 2-3 veces mayor del habitual tras dosis bajas y  llegando a 40 veces después de exposiciones superiores a 6000 rads (23).

3.4. Radiación post-ensayos nucleares.

Los estudios iniciales efectuados para valorar el efecto de los ensayos nucleares de EEUU en el sudeste de Utah durante las décadas 40 y 50, no aportaron datos concluyentes debido a las dificultades de estimación retrospectiva de los niveles de radiación individual y en las distintas áreas geográficas, así como la no identificación de otros factores de confusión (24) . No obstante, los datos obtenidos entre los mormones evidencian una mayor incidencia de muertes por LA en todos los segmentos poblacionales y especialmente en menores de 20 años antes de 1964 (25). Estudios más recientes han confirmado el riesgo mayor de LLA y LMA en niños expuestos a RI de explosiones nucleares con fines militares, llegando a ser de un 10% mayor entre los más expuestos (26).

3.5. Proximidad a centrales nucleares.

Los datos publicados no son convincentes debido a la discordancia entre los investigadores, diferente diseño de los estudios y a su interpretación (12,21,27). Entre los factores a considerar  y cuantificar están los siguientes: exposición preconcepcional de los padres, mayor polución ambiental secundaria a la industralización, radiaciones no ionizantes de baja frecuencia, influencia del intercambio entre la población autóctona con la inmigrante, status económico  y sociocultural, tabaquismo, alcohol y otras drogas, hábitos dietéticos y prevalencia de virus oncogénicos (27,28). La International Agency for Research on Cancer está coordinando un estudio multinacional para valorar estos factores y obtener datos concluyentes tras el accidente nuclear de Chernobyl (29).

 3.6. Otras RI ambientales.

La radiación por partículas µ generada por la semidesintegración del gas radón induce mutaciones  cancerígenas en las células humanas (30,31). En regiones con mayor concentración de gas radón se han documentado tasas más elevadas de mortalidad infantil, especialmente por LA (30).

 

RADIACION NO IONIZANTE

 1. RADIACION ULTRAVIOLETA A Y B (RUVA Y RUVB).

Multitud  de trabajos epidemiológicos y biológicos han demostrado el efecto causal de ambas radiaciones, especialmente las RUVB, en el desarrollo de diversos cánceres cutáneos: carcinoma basocelular, de células escamosas y melanomas (32,33). Por ser un tema ampliamente tratado, sólo recordaremos que la disminución progresiva de la capa de ozono incrementa sus  efectos bilógicos y cancerígenos. Antes de los 18 años se absorbe la mitad de la dosis total esperable en una vida media y la exposición es acumulativa, pues  queda absorbida en la capa basal, sin afectarse por la descamación continua de los estratos superficiales queratinizados (32).

2. RADIACIONES ELECTROMAGNETICAS DE BAJA FRECUENCIA (REBF).

En 1979 se publicó un mayor riesgo de LA y tumores del SNC en menores de 18 años expuestos en sus residencias a dosis altas de REBF (34). Estos datos estaban basados en registros de mortalidad obtenidos en Denver (EEUU) y eran estadísticamente significativos. Desde entonces se han descrito muchos trabajos con resultados contradictorios debido a las dificultades de diseño e interpretación de los datos (35). Actualmente se están realizando amplios estudios retrospectivos que probablemente contestarán las interrogantes planteadas con resultados concluyentes (36).

 ULTRASONIDOS PRENATALES.

Las técnicas diagnósticas con ultrasonidos fueron introducidas en la práctica obstétrica  en la década de los 70 y de forma rutinaria en los años 80, por lo que todavía existe una información relativamente escasa sobre los efectos biológicos a largo plazo en las personas expuestas intraútero (37,38). Aúnque algún estudio ha encontrado un riesgo 4 veces mayor de LA y 2 veces mayor de tumores sólidos después de la edad de 6 años asociados a la exposición prenatal, la mayoría de los trabajos publicados no evidencian mayor riesgo neoplásico relacionado con la exposición fetal ni durante la época pediátrica (37,38).

 

 INFECCIONES VÍRICA:

 1. EXPOSICIÓN PRENATAL.

 Desde que en 1972 se publicó la asociación entre infección materna gestacional con el virus de la influenza y el mayor riesgo de LA infantil en los hijos expuestos intraútero (40), numerosos trabajos han apoyado la relación mientras otros no la han encontrado (41,42). Otros virus asociados a un mayor riesgo de LA han sido el grupo de los herpesvirus (varicela-zoster y citomegalovirus) y la rubeola (42). También se ha publicado que infecciones víricas del tracto genital, herpes simple (HS) y papilomavirus (PV), se asocian a un mayor riesgo de  desarrollar TW en los hijos (15).

2. EXPOSICIÓN POSTNATAL.

Diversos trabajos han asociado la mayor frecuencia de infecciones víricas en el periodo perinatal y primera infancia con un mayor riesgo de cánceres pediátricos ( principalmente  LLA y en menor proporción linfomas no-Hodgkin, hepatoblastomas y tumores de células germinales) (39,43,44). También han sido controvertidos los resultados obtenidos con la inmunización activa infantil y el menor  riesgo de LLA (39,45).

Se ha publicado que los niños alimentados con lactancia materna más allá  de los 6 meses presentan un riesgo significatívamente reducido de cáncer infantil, especialmente LLA y linfomas no-Hodgkin. La leche materna modula los mecanismos inmunológicos a medio y largo plazo, generando beneficios en las enfermedades secundarias a estados leves de inmunodeficiencia como pueden ser las neoplasias (46).

Los movimientos poblacionales han sido asociados a un mayor riesgo infeccioso y a una mayor incidencia de tumores infantiles, sobre todo LLA (47,48). El intercambio de los virus prevalentes entre las comunidades autóctonas e inmigradas desencadena el aumento de las infecciones. También se ha sugerido que cuando el medio ambiente infantil disminuye o retrasa la exposición a los agentes infecciosos habituales, especialmente víricos, puede incrementarse el riesgo de linfoma de  Hodgkin a partir de los 15 años de edad (49).

Actualmente se considera que los virus son los agentes causales de un 15% de todas las neoplasias humanas y no existen datos específicos en la época pediátrica (50,51). Los virus oncogénicos representan un número pequeño del conjunto de los virus que infectan al hombre (50). Los mecanismos biológicos neoplásicos son diferentes de los infecciosos y aunque la mayoría de los contactos víricos tienen lugar en los primeros años de vida el periodo de latencia oncogénico es muy prolongado y la mayoría de los tumores aparecen en la época adulta. Durante las primeras dos décadas de vida, el virus de Epstein-Barr (VEB) se ha asociado al linfoma de Burkitt, la variedad L3 de LLA, al  carcinoma nasofaríngeo y al linfoma de Hodgkin (51,52) . Los virus de la hepatitis B y C (VHB y VHC) también se han detectado en hepatocarcinomas infantiles y juveniles (53). Finalmente el PV se ha asociado con carcinomas de cérvix uterino intraepiteliales entre los 18-20 años en mujeres sexualmente activas desde los primeros meses de la pubertad (54).

Los factores víricos, específicos e inespecíficos, así como la influencia de la lactancia materna, en la etiopatogenia de las LLA infantiles se está investigando prospectivamente con datos epidemiológicos, clínicos , analíticos y técnicas genéticas de biología molecular (55).

 

DROGAS.

1. EXPOSICIÓN PRENATAL.

 1.1. Medicamentos.

En animales de experimentación se ha demostrado que los fetos son más vulnerables y susceptibles a diversos agentes químicos oncogénicos que los adultos (56). Una reciente revisión de tumores neonatales asociados a drogas maternas consumidas durante el embarazo encontraron las siguientes relaciones: a) fenitoina con NB; b) antibióticos y LA; c) tratamiento hormonal y tumores vasculares; d) paracetamol y sarcoma fusocelular ; e) paracetamol en combinación con productos derivados del petroleo y hepatoblastomas; y f) clorhidrato de diciclomina (antinauseoso) y teratomas (57). También se han publicado asociaciones entre el uso de medicación antiemética gestacional y el mayor riesgo de LMA, RB y tumores de SNC (astrocitomas) en los hijos (58-60). Otros investigadores han relacionado la ingestión de fármacos  neuroactivos (sedantes, hipnóticos y anticomiciales) y el pentotal sódico en la anestesia a un mayor riesgo de tumores del SNC. El óxido nitroso y la administración prenatal de suplementos con oxígeno se asocia a una mayor frecuencia de LA. Las drogas usadas para tratar infecciones gestacionales, principalmente antibióticos, incrementan hasta tres veces el riesgo de cánceres pediátricos como LLA, TW y del SNC aunque también puede influir el agente infeccioso (61,62). El consumo de marihuana durante el embarazo se asocia a un mayor riesgo de tumores del SNC y LMA (58,60).

Entre las hormonas maternas administradas a la madre gestante merece especial consideración el dietilestilbestrol, que antiguamente fué usado por los obstetras para prevenir y tratar las amenazas de aborto (10). En 1971 se publicó una fuerte asociación entre su uso y el desarrollo del adenocarcinoma vaginal  de células claras en sus hijos, enfermedad rarísima en cualquier edad pero excepcional en mujeres jóvenes (63). Desde entonces está prohibido pero, a pesar de actuar prenatalmente, el máximo período de latencia publicado actualmente es de 42 años (64). El potencial efecto cancerígeno sobre los varones expuestos es contradictorio, con estudios que indican un mayor riesgo de tumores  testiculares, no siendo obtenido en otros (63,64). El uso de hormonas sexuales,  fundamentalmente anticonceptivos orales, tres meses antes o durante el embarazo ha sido asociado a un riesgo dos veces mayor de NB (65).

La administración de drogas para mantener el embarazo, incluyendo hormonas, medicamentos para tratar el aborto e inhibidores de las contraccciones uterinas se ha relacionado a un mayor riesgo de LA (66). Finalmente queremos resaltar que el uso materno de hormonas sexuales durante el embarazo no se ha asociado con ningún otro tipo de cáncer infantil (43,57,62).

  1.2. Compuestos N-nitrosos.

El uso de drogas o la ingestión de alimentos con un elevado contenido en derivados nitrosos y nitrosaminas (incienso, humo tabáquico, cosméticos faciales, diuréticos, antihistamínicos y  carne curada-ahumada) durante el embarazo, incrementa el riesgo de tumores del SNC, LLA, sarcomas de partes blandas y hepatoblastomas (60,61).

 1.3. Otras sustancias químicas.

El consumo elevado de alcohol durante la gestación se asocia a un mayor riesgo de NB y LMA en los dos primeros años de edad (65,67). Otros factores de riesgo potencial  para el NB son el uso de diuréticos, tintes capilares y analgésicos (65). Un mayor riesgo de TW se ha relacionado con tintes capilares, abuso de  té e hipertensión gestacional (62).

 2. EXPOSICIÓN POSTNATAL.

 2.1. Barbitúricos.

Inicialmente se publicó que los niños tratados con barbitúricos presentaban un riesgo dos veces mayor de desarrollar tumores del SNC (68). La terapia barbitúrica en epilepsias secundarias a tumores no diagnosticados constituía un factor de confusión importante, no obstante exceptuando a dichos casos, aún persiste un ligero incremento del riesgo tumoral (69).

 

2.2. Antibióticos.

El uso de cloranfenicol en niños se asoció a toxicidad hematológica y mayor riesgo de síndromes dismielopoyéticos y LMA (14). También se ha relacionado menos convincentemente con sarcomas de partes blandas y OTS (39).

 2.3. Hormona de crecimiento (HC).

Inicialmente se describieron casos aislados de LA entre niños tratados con HC (70) y posteriormente su mayor disponibilidad ha alarmado a los médicos y población general del posible efecto leucemógeno de la HC. Un trabajo publicado en 1988 sobre los casos ocurridos en USA, Europa, Japón y Australia desde 1959 encontró un mayor riesgo de LA con un caso cada 2400 niños tratados con una duración media de 10 años (71). Otro estudio internacional publicado en 1993 reveló que los niños con deficiencia de HC que desarrollaron LA, síndromes preleucémicos o histiocitosis, la mayoría de ellos presentaban previamente factores genéticos o médicos asociados a un mayor riesgo de LA. Excluyendo a estos pacientes, la incidencia observada no era significativamente mayor a la esperada entre la población general (72). Otro estudio realizado en la evolución de 6284 receptores de HC entre 1963 y 1985 encontró a seis pacientes que desarrollaron LA,  riesgo dos veces mayor al esperado. De los seis, cinco eran supervivientes de tumores del SNC y cuatro presentaban antecedentes de radioterapia craneal (73). Por los datos comentados  podemos afirmar que no hay suficiente evidencia para implicar la HC como factor cancerígeno independiente y que los pacientes oncológicos con déficit hormonal se deben tratar con la HC.

 2.4. Quimioterápicos.

La mayoría de las drogas quimioterápicas utilizadas contra el cáncer presentan acciones genotóxicas mutagénicas y cancerígenas, ocasionando entre los supervivientes las segundas neoplasias (74-77). Actúan como factor de riesgo independiente pero sus efectos se incrementan con la  radioterapia. Los cánceres pediátricos presentan una mayor frecuencia de segundas neoplasias que los de adultos por su mejor pronóstico y mayor expectativa de vida. Hay dos grupos de drogas que destacan sobre las restantes como son las alquilantes y las inhibidoras de la topoisomerasa II (enzima catalizadora de la abertura y replegado correcto de la estructura molecular del ADN). Las alquilantes, especialmente la ciclofosfamida, tras un periodo de latencia entre 3 a 10 años (límites 1 a  20) pueden desarrollar LA, predominando la LMA con alteraciones genéticas en los cromosomas 5 y 7, y linfomas no-Hodgkin más raramente (74,75). Las inhibidoras de la topoisomerasa II, especialmente etopósido  (VP-16) y tenipósido (VM-26), trás un breve periodo de latencia de 1 a 3 años, pueden desarrollar LMA con predominio de las variantes M4 y M5 con alteraciones en el cromosoma 11 (q 22-23) afectando al reordenamiento del gen MLL (76,77). El impacto leucemógeno depende de la dosis total acumulada y del esquema periódico de administración (se incrementa con 1 o 2 dosis semanales y disminuye al espaciarse más de 2 semanas) (77).

 2.5. Vitamina K.

En 1990 se publicó en Inglaterra un estudio de cohorte con casuística relativamente escasa, donde se encontraba un riesgo mayor de dos veces el esperado de cánceres pediátricos asociados a drogas administradas durante el periodo neonatal (78). Entre las medicaciones, aparentemente seguras y sin efectos genotóxicos conocidos, la más común era la vitamina K. En un estudio posterior se analizó el riesgo asociado a la vitamina K, droga rutinariamente administrada a los recien nacidos para prevenir la enfermedad hemorrágica  y sólo los niños que la recibieron por vía intramuscular tenían un riesgo dos veces mayor de cáncer, siendo más evidente para la LA que para los tumores sólidos (79). La administración oral de vitamina K no se asoció a mayor riesgo de cánceres. Recientemente diversos ensayos nacionales a gran escala realizados en Dinamarca y USA no  encuentran un mayor riesgo de cánceres

pediátricos asociados al uso intramuscular de vitamina K (80,81).

 2.6. Pesticidas.

El efecto cancerígeno de la exposicón a pesticidas en niños ha sido valorado en algunos trabajos. Un mayor riesgo de tumores del SNC, NB, sarcomas de partes blandas y TW ha sido encontrado por unos autores pero no por otros (43,62,82,83). Los futuros trabajos sobre la influencia de pesticidas en los cánceres pediátricos deben superar el principal inconveniente de los actuales, realizando una medición cuantitativa de la exposición, duración de la misma e individualización de las sustancias químicas implicadas, datos muy difíciles de obtener en los estudios epidemiológicos (82,83).

 

DIETA :

 1. DIETA PRENATAL.

La relación de la dieta materna durante el embarazo con el riesgo de cánceres pediátricos, ha sido analizada en escasos estudios, sugiriéndose la acción de los componentes nitrosados/nitrosos especialmente en carnes. Inicialmente un trabajo encontró un mayor riesgo de tumores del SNC con la ingesta materna gestacional de tocino, jamón, salchichón, perritos calientes, salami y otros embutidos (61). Otros investigadores han encontrado una asociación entre ingesta elevada de carnes curadas y ahumadas y un mayor riesgo de  gliomas astrocíticos, astrocitoma  y LA (60,84-86). Un estudio no evidenció relación directa entre tumor neuroectodérmico primitivo del SNC y el consumo de carnes curadas, pero sí un menor riesgo asociado a la ingesta elevada de vegetales y frutas (85). La alimentación con alto contenido en frutas, verduras, cereales y legumbres, así como la administración de suplementos de vitamina A, C,E, y ácido fólico, se asocian a un riesgo menor de tumores de SNC y RB (59,87).

2. DIETA POSTNATAL.

A las vitaminas, especialmente las liposolubles, se les atribuye un efecto protector contra los cánceres pediátricos. El uso durante largos periodos de tiempo (>1 año) de aceite de hígado de bacalao, fórmula que contiene altas concentraciones de vitamina A y D, reduce el riesgo de LA en niños hasta un 60-70% (14). Experimentalmente hay evidencias para dar soporte al papel anticancerígeno de las vitaminas A y D, pero son necesarias investigaciones epidemiológicas y biológicas adicionales para confirmar estos hallazgos (88). La ingesta alta de frutas y zumos ha sido relacionada a un efecto protector en tumores del SNC en algunos estudios pero no en otros (89). Se ha descrito que el consumo infantil elevado de perritos calientes y hamburguesas aumenta el riesgo de tumores de SNC, pero no se han analizado ni separado todos los factores potencialmente generadores de confusión (86).

 

TABAQUISMO PARENTAL:

Desde que en 1986 se publicó que el consumo materno de 10 o más cigarríllos por día durante el embarazo incrementaba un 30% el riesgo de cáncer en los descendientes (90), diversos estudios epidemiológicos han encontrado un aumento de sarcomas de Ewing, NB, tumores del SNC, linfomas y LA en los hijos expuestos al tabaquismo materno gestacional (91,92). El consumo paterno prenatal también actua como factor de riesgo independiente del tabaquismo materno (92). Otros trabajos con mayores limitaciones epidemiológicas no han encontrado un mayor riesgo (91,92).

 

OCUPACIONES PARENTALES :

En los países industrializados se calcula que el 5-10% de la mortalidad por cáncer es secundaria a la exposición ocupacional de las personas a los diversos agentes químicos y físicos cancerígenos (93,94). La mayoría de estos factores se han podido identificar gracias a los estudios epidemiológicos realizados entre los profesionales expuestos (94-97). Hipotéticamente los agentes cancerígenos pueden afectar a las células germinales de los progenitores y actuar transplacentariamente incrementando el riesgo neoplásico en la edad pediátrica (10,56,90,92).

Numerosos estudios han investigado la asociación entre ocupación parental y el riesgo de cáncer en los hijos (97-109). Diversas limitaciones metodológicas dificultan la correcta interpretación y la validez científica de los resultados. Entre las más importantes destacan: inclusiones de amplias categorías de empleos; exposiciones indirectas obtenidas de estudios sobre higiene laboral e industrial; variabilidad de la exposición a un mismo agente entre las mismas profesiones; datos obtenidos en registros matrimoniales, partidas de nacimientos y de defunciones; no constar la exposición respecto al periodo gestacional; falta de cuantificación  temporal y total del tóxico analizado; y la identificación de los restantes factores de riesgo que hipotéticamente pueden influir en los resultados. Estas limitaciones han generado hallazgos discrepantes, no obstante comentaremos aquellas ocupaciones que sugieren una relación más convincente  y consistente (93,95,97-109).

 1. PROFESIONES PATERNAS.

1.1. Exposición a hidrocarburos.

Desde que en 1974 se describió la primera asociación entre trabajo paternal con hidrocarburos y la mayor mortalidad por cáncer en sus hijos (98), se ha prestado gran atención a detectar las profesiones de mayor riesgo (99-102). Las más importantes están expuestas en la tabla II (97-102).  Los tumores más frecuentemente encontrados han sido LLA, LMA, SNC, TW y hepatoblastoma.

 1.2. Exposición a metales.

En 1979 se publicó que el empleo paterno con exposiciones a plomo incrementaba el riesgo de TW en sus hijos (103). Las principales profesiones y ocupaciones con exposiciones a metales están enumeradas en la tabla III (99-102, 104). En algunas de ellas hay una exposición combinada a hidrocarburos. Los tumores asociados son el TW, tumores del SNC, LMA y hepatoblastoma.  También se ha encontrado mayor incidencia que la esperada de tumores sólidos infantiles entre residentes cerca de fundiciones de metales pesados (105).

 1.3. Exposición a radiaciones.

El trabajo, inicialmente publicado en 1990, que asociaba la exposición paternal preconcepcional a RI con un mayor riesgo de cancer en sus hijos (16), ha sido apoyado por otros posteriores (17,19,99-102). Las neoplasias más frecuentes han sido la LMA y la LLA. La hipótesis más aceptada que explica estas asociaciones está basada en las mutaciones radioinducidas en los espermatozoides, pero no es válida para el mayor riesgo de LA encontrado tras exposiciones paternas solamente durante  periodo gestacional (106).

 1.4. Otras exposiciones paternas.

Diversas ocupaciones relacionadas con exposiciones a radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia ( tabla IV ) se han asociado a mayor riesgo de tumores del SNC  y NB en sus hijos (107,108). También se ha encontrado una mayor incidencia global de otras neoplasias infantiles entre hijos de padres trabajando en las ocupaciones descritas en la tabla IV (100,101,104) .

2. PROFESIONES MATERNAS.

Las ocupaciones maternas, paradójicamente por su mayor influencia gestacional, han sido objeto de menor atención que las paternas (93,97). Los resultados también han sido controvertidos por las mismas limitaciones expuestas anteriormente. Las profesiones que han evidenciado un mayor riesgo están reflejadas en la tabla V ( 99-102,104,106,108,109). Entre los tumores asociados los más frecuentes han sido: tumores del SNC, LLA, LMA, TW, OTS y sarcomas de partes blandas.

  CONCLUSIONES.

 1. Los agentes cancerígenos ambientales (físicos, químicos y biológicos) se asocian a la mayoría de las neoplasias pediátricas.

 2. Las acciones, aisladas o combinadas, preconcepcionales, transplacentarias y postnatales de los agentes cancerígenos condicionan el corto periodo de latencia de los cánceres infantiles.

 3. Mínimas diferencias metodológicas en los trabajos epidemiológicos ocasionan resultados contradictorios en la identificación y estimación de riesgo de los agentes cancerígenos.

 4. A pesar de la controversia suscitada, diversos factores ambientales  físicos (RI y RUVB y RUVA), químicos (dietilestilbestrol y quimioterápicos) y biológicos (VHB, VHC,  VEB y  PV  ) se consideran como cancerígenos seguros pediátricos. Otros factores y condiciones (viriasis inespecíficas pre y postnatales, diversos medicamentos, compuestos N-nitrosos, pesticidas, tabaquismo y profesiones parentales expuestas a hidrocarburos y metales) son considerados como probables cancerígenos pediátricos.

 5. Por las dificultades metodológicas en diseñar estudios prospectivos que permitan detectar incrementos en condiciones que ocurren con una baja incidencia poblacional basal, los interrogantes de los riesgos de cáncer pediátrico asociados a los agentes cancerígenos ambientales continuarán siendo controvertidos.

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

1. Saracci R. Neoplasms. En : Detels R, Holland WW, Mc Ewen J, Omenn GS, eds. Oxford Textbook of  Public Health. 3ª edición. New York: Oxford Univ Press, 1997: 1043-1063.

2. Perera FP. Environmental and cancer: who are susceptible ?. Science 1997; 278: 1068-1073.

3. Harris EL. Interactions between nature and nurture. En: Greenwald P, Kramer BS, Weed DL, eds. Cancer Prevention and Control. 1ª edición. New York: Marcel Dekker Inc, 1995: 181-194.

4. Moller H, Cardis E, Krewski D, Moolgavkar S, Woodward A, Zeise L. Quantitative estimation and prediction of human risks for cancer. International Agency for Research on Cancer. Lyon: IARC Sci Publ Nº 131, 1995.

5. Pitot HC. The molecular biology of carcinogenesis. Cancer 1993; 72: 962-970.

6. Weinstein IB, Santella RM, Perera FP. Molecular biology and epidemiology of cancer. En: Greenwald P, Kramer BS, Weed DL, eds. Cancer Prevention and Control. 1ª edición. New York: Mercel Dekker Inc, 1995: 83-110.

7. Caldas C. Molecular assessment of cancer. BMJ 1998; 316: 1360-1363.

8. Ries LAG, Kosary CL, Hankey BF, et al. SEER Cancer Statistics Review, 1973-1993: Tables and Graphs ( NHI Publ 96-2789 ). Bethesda MD, National Cancer Institute, 1995.

9. Narod SA, Stiller C, Lenoir GM. An estimate of the heritable fraction of childhood cancer. Br J Cancer 1991; 63: 993-999.

10. Ferrís i Tortajada J, Garcia i Castell J, López Andreu JA. Etiopatogenia de los cánceres pediátricos. Parte II. Rev Esp Pediatr 1998 ( en prensa ).

11. Doll RS. Hazards of ionizing radiation: 100 years of observations on man. Br J Cancer 1995; 72: 1339-1349.

12. United Nations Scientific Committee on the Effects of Atomic Radiation: Sources and Effects of Ionizing Radiation. New York: United Nations, Publ E 94-IX-11, 1994.

13. Boice JDJ, Inskip FD. Radiation induced leukemia. En: Henderson ES, Lister TA, Greaves MF, eds. Leukemia. 6ª edición. Philadelphia: WB Saunders, 1996: 195-209.

14. Shu XO, Gao YT, Brinton LA et al. A population based case-control study of childhood leukemia in Shanghai. Cancer 1988; 62: 635-644.

15. Bunin GR, Kramer S, Marrero O, et al. Gestational risk factors for Wilm´s tumor: results of case-control study: Cancer Res 1987; 47: 2972-2977.

16. Gardner MJ, Shee MP, Hall AJ, et al. Results of the case-control study of leukemia and lymphoma among young people near Sellafield nuclear plant in West Cumbria. BMJ 1990; 300: 423-429.

17. Miller RW, Boice JD. Radiogenic cancer after prenatal or childhhod exposure. En: Upton AC, Albert RE, Burns FJ, Shore RE, eds. Radiation Carcinogenesis. 1ª edición. New York: Elsevier Publ, 1986: 379-386.

18. American Academy of Pediatrics. Committee on Environmental Health. Risk of ionizing radiation exposure to children: a subject review. Pediatrics 1998; 101: 717-719.

19. Monson RR, Mac Mahon B. Prenatal x-ray exposure and cancer in children. En: Boice JD Jr, Fraumeni JF Jr, eds. Radiation carcinogenesis: Epidemiology and Biological significance. New York: Raven Press, 1984: 97-105.

20. Rodvall Y, Hrubec Z, Pershagen G, et al. Childhood cancer among Swedish twins. Cancer Causes Control 1992; 3: 527-532.

21. National Research Council. Committee on the Biological Effects of Ionizing Radiation. Health Effects of Exposure to low Levels of Ionizing Radiation. Washington: National Academy Press, 1990.

22. Robison LL. Second primary cancers after childhood cancer. BMJ 1996; 312: 861-862.

23. Tucker MA, D´Angio GJ, Boice JD, et al. Bone sarcomas linked to radiotherapy and chemotherapy in children. N Engl J Med 1987; 317: 588-593.

24. Lyon JL, Klauber MR, Gardner JW, et al. Childhood leukemias associated with fallout from nuclear testing. N Engl J Med 1979; 300: 397-402.

25. Stevens W, Thomas DC, Lyon JL, et al. Leukemia in Utah and radioactive fallout from the Nevada test site: a case-control study. JAMA 1990; 264: 585-591.

26. Darby SC, Olsen JH, Doll R, et al. Trends in childhood leukaemia in the Nordic countries in relation to fallout from atmospheric nuclear weapons testing. BMJ 1992; 304: 1005-1009.

27. Roman E, Watson A, Beral V, et al. Case-control study of leukemia and non-Hodgkin´s lymphoma among children aged 0-4 years living in west Berkshire and North Hampshire health districtes. BMJ 1993; 306: 615-621.

28. Ewing PD, Bowie C, Phillips MJ, et al. Incidence of leukemia in young people in the vicinity of Hinkley Point nuclear power station, 1959-86. BMJ 1989; 299: 289-293.

29. Parkin DM, Cardis E, Masuyer E, et al. Childhood leukemia following the Chernobyl accident: the European Childhood Leukemia-Lymphoma Incidence Study ( ECLIS ).Eur J Cancer 1993; 29A: 87-95.

30. Collman GW, Loomis DP, Sandler DP. Childhood cancer mortality and radon concentration in drinking water in North Carolina. Br J Cancer 1991; 63: 626-629.

31.Kadhim MA, MacDonald DA, Goodhead DT. Trauma of chiromosomal instability after plutonium alpha-particle irradiation. Nature 1992; 355: 738-740.

32. Kricker A, Armstrong BK, Jones ME, Burton RC. International Agency for Research on Cancer. Health, Solar UV Radiation and Environmental Change. Lyon: IARC Techmical Rep nº 13, 1993.

33.Cleaver JE, Mitchell DL. Ultraviolet Radiation Carcinogenesis. En: Holland JE, Bast RC Jr, Morton DL, Frei III E, Kufe DW, Weichselvaum RR, eds. Cancer Medicine. 4ª edición. Baltimore: Williams & Wilkins, 1997: 307-318.

34. Wertheimer N, Leeper E. Electrical wiring configurations and childhood cancer. Am J Epidemiol 1979; 109: 273-284.

35. Ferrís i Tortajada J, Garcia i Castell J, López Andreu JA. Radiaciones electromagnéticas y cáncer. Conceptos básicos. Rev Esp Pediatr 1998; 54: 37-46.

36. Mc Gregor A. WHO investigates electromagnetic fields. Lancet 1996; 347: 605.

37. Kinnier-Wilson LM, Waterhouse JAH. Obstetric ultrasound and childhood malignancies. Lancet 1984; 2: 997-999.

38. Shu XO, Jin F, Linet MS, et al. Diagnostic x-ray and ultrasound exposure and risk of childhood cancer. Br J Cancer 1994; 70: 531-536.

39. Harthey AL, Birch JM, McKinney PA, et al. The Inter-Regional Epidemiological Study of Childhood Cancer ( IRESCC ): past medical history in children with cancer. J Epidemiol Community Health 1988; 42: 235-242.

40. Fredick J, Alberman EA. Reported influenza in pregnancy and subsegment cancer in the child. BMJ 1972; 2: 485-488.

41. Randolph VL, Heath CW Jr. Influenza during pregnancy in relation to subseguent childhood leukemia and lymphoma. Am J Epidemiol 1974;100: 399-409.

42. Bithell JF, Draper GF, Gorbach PD. Association between malignant disease in children and maternal virus infections. BMJ 1973; 1: 706-708.

43. Buckley JD, Sather H, Muccione K, et al. A case-control study risk factors for hepatoblastoma: a report from the Childrens Cancer Study Group. Cancer 1989; 64: 1169-1176.

44. McKinney PA, Cartwright RA, Sain JMT, et al. The Inter- Regional Epidemiological Study of Childhood Cancer ( IRESCC ): a case-control study of aetiologycal factors in leukemia and lymphoma. Arch Dis Child 1987; 62: 279-287.

45. Kneale GW, Stewart AM, Kinnier-Wilson LM. Immunizations against infections diseases and childhood cancers. Cancer Immunol Immunother 1986; 21: 129-132.

46. Davis MK, Savitz DA, Granbard BI. Infant feeding and childhood cancer. Lancet 1988; 2: 365-368.

47. Kinlen LJ. Epidemiological evidence for an infective basis in childhood leukaemia. Br J Cancer 1995; 71: 1-5.

48. Alexander FE, Chan LC, Lam TH, et al. Clustering of childhood leukaemia in Hong-Kong: association with the childhood peak of common acute lymphoblastic leukaemia and with population mixing. Br J Cancer 1997; 75: 457-463.

49. Gutensohn N, Cole P. Childhood social environment and Hodgkin´s disease. N Engl J Med 1981; 304: 135-140.

50. Ferrís i Tortajada J, Garcia i Castell J, López Andreu JA. Virus oncógenos. La prevención pediátrica ( Parte I ). Rev Esp Pediatr 1996; 52: 437-445.

51. Ferrís i Tortajada J, Garcia i Castell J, López Andreu JA. Virus oncógenos. La prevención pediátrica ( Parte II ). Rev Esp Pediatr 1996; 52: 446-452.

52. Smith MA. Considerations on a possible viral etiology for B-precursor acute lymphoblastic leukemia of childhood. J Immunother 1997; 20: 89-100.

53. Sherlock S. Viruses and hepatocellular carcinoma. Gut 1994; 35: 828-832.

54. Schiffman MH, Brinton LA. The epidemiology of  cervical carcinogenesis. Cancer 1995; 76: 1888-1901.

55. Robison LL, Buckley JD, Bunin G. Assessment of environmental and genetic factors in the etiology of childhood cancers: the Children´s Cancer Group epidemiology program. Env Health Perspective 1995; 103: 111-116.

56. Napalkov NP. Prenatal and childhood exposure to carcinogenic factors. Cancer Detect Prev 1986; 9: 1-7.

57. Satgé D, Sasco AJ, Little J. Antenatal therapeutic drug exposure and fetal / neonatal tumours: review of 89 cases. Pediatr Perinat Epidemiol 1998; 12: 84-117.

58. Robison LL, Buckley JD, Daigle AE, et al. Maternal drug use and risk of childhood nonlymphoblastic leukemia among offspring. Cancer 1989; 63: 1904-1911.

59. Bunin GR, Meadows AT, Emanuel BS, et al. Pre and postconcepcion factors associated with sporadic heritable and non-heritable retinoblastoma. Cancer Res 1989; 49: 5730-5735.

60. Kuiiten RR, Bunin GR, Nass CC, et al. Gestacional and familiar risk factors for childhood astrocytoma: results of a case-control study. Cancer Res 1990; 50: 2608-2612.

61. Preston-Martin S, Yu MC, Benton B, et al. N-nitroso compounds and childhood brain tumors: a case-control study. Cancer Res 1982; 42: 5240-5245.

62. Olshan AF, Breslow NE, Falletta JM, et al. Risk factors for Wilms Tumor: report from the National Wilm´s Tumor Study Cancer 1993; 72: 938-944.

63.Melnick S, Cole P, Anderson D, Herbst A. Rates and risks of diethylstilbestrol-related clear-cell adenocarcinoma of the vagina and cervix. An update. N Engl J Med 1987; 316: 514-516.

64. Giusti RM, Iwamoto K, Hatch EE. Diethylstilbestrol revisited: a review of the long-term health effects. Ann Intern Med 1995; 122: 778-788.

65. Kramer S, Ward E, Meadows AT, et al. Medical and drug risk factors associated with neuroblastoma: a case-control study. J Natl Cancer Inst 1987; 78: 797-804:

66. Van Steensel-Moll HA, Valkenburg HA, Vanderbroucke JP, et al. Are maternal fertility problems related to childhood leukemia ?. Int J Epidemiol 1985; 14: 555-560.

67. Severson RK, Buckley JD, Woods WG, et al. Cigarette smoking and alcohol comsumption by parents of children with acute myeloid leukemia: an analysis within morphological subgroups. A report from the Childrens Cancer Group. Cancer Epidemiol Biomark Prev 1993; 2: 433-439.

68. Gold E, Gordis L, Tonascia J, et al. Increased risk of brain tumors in children exposed to barbiturates. J Natl Cancer Inst 1978; 61: 1031-1034.

69. Goldhaber MK, Selby JV, Hiatt RA, et al. Exposure to barbiturates in utero and during childhood and risk of intracranial and spinal cord tumors. Cancer Res 1990; 50: 4600-4603.

70. Komp D, Rogol A, Sabio H. Possible effects of growth hormone on development of acute lymphoblastic leukemia. Lancet 1977; 2: 434-435.

71. Fisher DA, Job JL, Preece M, et al. Leukemia in patients treated with growth hormone . Lancet 1988; 1: 1159-1160.

72. Ritzen EM. Does growth hormone increase the risk of malignancies ?. Horm Res 1993; 39: 99-101.

73. Fradkin JE, Mills JL, Schonberger LB, et al. Risk of leukemia after treatment with pituitary growth hormone. JAMA 1993; 270: 2829-2832.

74. Tucker MA, Meadows AT, Boice JD Jr. Leukemia after therapy with alkylating agents for childhood cancer. J Natl Cancer Inst 1987; 78: 459-463.

75. Smith MA, McCaffrey RP, Karp JE. The secundary leukemias: challenger and research. J Natl Cancer Inst 1996; 88: 407-418.

76. Wang JC. DNA topoisomerases. Annu Rev Biochem 1996; 329: 909-914.

77. Ross JA, Potter JD, Robison LL. Infant leukemia, topoisomerase II inhibitors, and the MLL gene. J Natl Cancer Inst 1994; 86: 1678-1680.

78. Golding J, Paterson M, Kinlen LJ. Factors associated with childhood cancer in a national cohort study. Br J Cancer 1990; 62: 304-308.

79. Golding J, Greenwood R, Birmingham K, et al. Childhood cancer, intramuscular vitamin K, and pethidine given during labor. BMJ 1992; 305: 341-346.

80. Miller RW. Vitamin K and childhood cancer. BMJ 1992; 305: 1016.

81. Olsen JH, Hertz H, Blinkenberg K, Verder H. Vitamin K regimens and incidence of childhood cancer in Denmark. BMJ 1994; 308: 895-896.

82. Greenberg RS, Shuster JL Jr. Epidemiology of cancer in children. Epidemiol Rev 1985; 7: 22-48.

83. Grufferman S, Wang HH, Delong ER, et al. Environmental factors in the etiology of rhabdomyosarcoma in childhood. J Natl Cancer Inst 1982; 68: 107-113.

84. Howe GR, Burch JD, Chiarelli AM, et al. An exploratory case-control study of brain tumors in children. Cancer  Res 1989; 49: 4349-4352.

85.Bunin GR, Kuijten RR, Buckley JD, Rorke LB, Meadows AT. Relation between maternal diet and subsequent primitive neuroendodermal brain tumors in young children. N Engl J Med 1993; 329: 536-541.

86. Sarasua S, Savitz DA. Cured and broiled meat consumption in relation to childhood cancer: Denver, Colorado ( United States ). Cancer Causes Control 1994; 5: 141-148.

87. McNeil C. Vitamins during pregnancy linked to lower risk of childhood brain tumors. J Natl Cancer Inst 1997; 89: 1481-1482.

88.Koeffer HP. Vitamin D: myeloid differentiation and proliferation. Haematol Blood Transf  1985; 29: 409-417.

89. Bunin GR, Kuijten RR, Boesel CP, et al. Maternal diet and risk of astrocytic glioma in children: a report from the Childrens Cancer Group. Cancer Causes Control 1994; 5:177-187.

90. Stjernfeld M, Berglund K, Lindsten J, et al. Maternal smoking during pregnancy and risk of childhood cancer. Lancet 1986; 1: 1350-1352.

91. Ferrís i Tortajada J, López Andreu JA, Garcia i Castell J, Perez Tarazona S, Cortell Aznar I. Enfermedades pediátricas asociadas al tabaquismo pasivo. An Esp Pediatr 1998 (en prensa).

92. John EM, Savitz DA, Sandler DP. Prenatal exposure to parents smoking and childhood cancer. Am J Epidemiol 1991; 133: 123-132.

93. Vineis P, Cantor K, Gonzalez C, Lynge E, Vallyarhan V. Occupational cancer in developed and developing countries. Int J Cancer 1995; 62: 655-660.

94. Tomatis L. The contribution of the IARC Monographs Program to the identification of cancer risk factors. Ann N Y Acad Sci 1988; 534: 31-38.

95. Bingham E. The occupational safety and health act. En: Rom WN, ed. Environmental and Occupational Medicine. Boston: Little Brown, 1992: 1325-1331.

96. Havard Report on Cancer Prevention. Occupation. Cancer Causes Control 1996; 7 ( supl 1 ): S19-S22.

97. Monson RR. Occupation. En: Schotenfeld D, Fraumeni JF Jr, eds. Cancer Epidemiology and Prevention. 2ª edición. New York: Oxford Univ Press, 1996: 373-405.

98. Fabia J, Thuy TD. Occupation of father at time of birth of children dying of malignant diseases. Br J Prev Soc Med 1974; 28: 98-100.

99. Arundel SE, Kinnier-Wilson LM. Parental occupations and cancer: a review of the literature. J Epidemiol Community Health 1986; 40: 30-36.

100. Savitz DA, Chen J. Parental occupation and childhood cancer: review of epidemiologic studies. Environ Health Perspect 1990; 88: 325-337.

101. O´Leary  LM, Hicks AM, Peters JM, et al. Parental occupational exposures and risk of childhood cancer: a review. Am J Ind Med 1991; 20: 17-35.

102. Lowengart RA, Peters JM,Cicioni C, et al. Childhood leukemia and parents occupational and home exposures. J Natl Cancer Inst 1987; 79: 39-46.

103. Kantor AF, McCrea-Curnen MG, Meigs JW, et al. Occupations of fathers of patiens with Wilm´s Tumor. J Epidemiol Community Health 1979; 33: 253-256.

104. Olsen JH, Brown PN, Schulgen G, et al. Parental employment at time of conception and risk of cancer in offspring. Eur J Cancer 1991; 27: 958-965.

105. Alexander FE, McKinney PA, Cartwright RA. The pattern of childhood and related adult malignancies near Kingston-upon-Hull. J Publ Health Med 1991; 13: 96-100.

106. McKinney PA, Alexander FE, Cartwright RA, Parker L. Parental occupations of children with leukemias in West Cumbria, North Humberside, and Gateshead. BMJ 1991; 302: 681-687.

107. Floderus B, Persson T, Stenlud C, Wennberg A, Ost A, Knave B. Occupational exposure to electromagnetic fields in relation to leukemia and brain tumors: a case-control study in Sweden. Cancer Causes Control 1993; 4: 465-476.

108. Wilkins JR III, Sinks TH Jr. Paternal occupation and intracanial neoplasias of childhood: result of a case-control interview study. Am J Epidemiol 1990; 132: 275-292.

109.Infante-Rivard C, Mur P, Armstrong B, Alvarez-Darder C, Bolumar F. Acute lymphoblastic leukemia among Spanish children´s and mother´s occupation: a case-control study. J Epidemiol Community Health 1991; 45: 11-15.

 

TABLA I. Principales factores cancerígenos ambientales

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

* Radiación Ionizante.

      1. Exposición preconcepcional

      2. Exposición transplacentaria

      3. Exposición postnatal

* Radiación no Ionizante.

      1. Radiaciones ultravioletas A y B

      2. Radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia

* Ultrasonidos Prenatales.

* Infecciones Víricas.

      1. Exposición prenatal

      2. Exposición postnatal

* Drogas.

       1. Exposición prenatal

       2. Exposición postnatal

* Dieta

       1. Exposición prenatal

       2. Exposición postnatal

* Tabaquismo Parental.

* Ocupaciones Parentales.

        1. Profesiones paternas.

              1.1. Exposición a  hidrocarburos

              1.2. Exposición a metales

              1 3. Exposición a radiaciones

              1 4. Otras exposiciones paternas

        2. Profesiones maternas

     

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TABLA II. Ocupaciones relacionadas con la exposición a hidrocarburos.

 -------------------------------------------------------------------------------------------------------

1.    Empleados de gasolineras.

2.    Mecánicos de vehículos a motor.

3.    Conductores de máquinas

4.    Mineros.

5.    Pintores.

6.    Limpiadores.

7.    Tintoreros.

8.    Taladores.

9.    Empleados de estaciones de gas.

10.  Técnicos en mantenimiento de aviones

11.  Soldadores.

12.  Empleados de lavanderías.

13.  Manipuladores de solventes clorinados, metilcetonas, benceno.

14.  Manipuladores de aceites industriales.

15. Trabajadores en extracción y refinería de petróleo, carbones, brea, creosote y alquitrán.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TABLA III. Ocupaciones relacionadas con la exposición a metales.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

1.    Conductores.

2.    Mecánicos de vehículos a motor.

3.    Empleados en gasolineras.

4.    Soldadores.

5.    Metalúrgicos.

6.    Trabajadores de manufactorías de hierro.

7.    Maquinistas.

8. Forjadores.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TABLA IV. Otras ocupaciones paternas de riesgo.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

1. Radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia:

                - Electricistas.

                - Trabajadores electrónicos.

                - Instaladores de líneas de alta tensión.

                - Trabajadores de centrales térmicas y eléctricas.

                - Reparadores de electrodomésticos.

2. Explotaciones agrícolas a gran escala.

3. Exposición ocupacional a pesticidas.

4. Industria del papel y pasta de celulosa.

5. Sanitarios.

6. Exposiciones al polvo de la madera.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TABLA V. Profesiones y  ocupaciones maternas de riesgo.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

1.    Exposición a sustancias químicas (benceno, petróleo, pinturas, tintes y colorantes).

2.    Radiaciones ionizantes y no ionizantes.

3.    Metales pesados.

4.    Industrias sanitarias.

5.    Farmacéuticas.

6.    Médicas.

7.    Odontólogas.

8.    Peluqueras.

9. Exposición a serrín, hollín y otros polvos orgánicos.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------